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Hoy por hoy nos bombardean con noticias legales. Dan por hecho que todos tenemos concimientos en la materia y todos sabemos acerca del tema que están tratando. En ocasiones es cierto, pero otras no tenemos ni la más mínima necesidad de saber porque son temas que no nos tocan. Entre ellos, los delitos de odio.

Pero… ¿qué es un delito de odio? ¿Es un delito normal y corriente? ¿Quién odia?

Pues bien, cualquier persona o grupo de personas afectadas por una infracción penal cuyo motivo u objetivo haya sido el de atacar una característica común de sus miembros como puede ser su raza real o perceptiva, el origen nacional o étnico, el lenguaje, el color, la religión, el sexo, la edad, la discapacidad intelectual o física, la orientación sexual así como otro factor similar, será considerada como víctima o víctimas de delitos de odio.

Este tipo de delitos son castigados en el Código Penal en su artículo 510 y siguientes. Aquí se recoge que las faltas de valor directas a las características personales se tendrán en cuenta por cualquier medio, sean los que lo produzcan, sean los que los promuevan o los que los reproduzcan por cualquiera de los canales establecidos.

Durante el mes de octubre, Instituciones Penitenciarias, en aras de luchar contra la producción de estos delitos que se incluyeron en la última reforma del Código Penal de 2015 debido a su trascendencia actual, pone a disposición de las víctimas así como de los delincuentes un tratamiento psicoterapéutico pionero llamado “Programa Diversidad”.

En él y durante un año que dura, personas que cumplen penas privativas de libertad por razón de este tipo de delitos, podrán verse con sus víctimas, siempre de manera voluntaria, para establecer, en un principio, sesiones individuales siendo posteriormente grupales donde se consiga paliar este tipo de sucesos.

El tratamiento consistirá en la superación de cuatro fases: La primera de evaluación; la segunda fase terapéutica propone la intervención contra el autoritarismo, la intolerancia, la baja autoestima o los prejuicios; en un tercer momento se seguirán los resultados del tratamiento; la última fase, de justicia restaurativa (ya que cobra especial importancia la reparación del daño causado a la víctima), propondrá el encuentro entre delincuente y víctima.

El “Programa Diversidad” se pondrá en marcha en los Servicios de Gestión de Penas y Medidas Alternativas de: A Coruña, Tenerife, Valencia y Valladolid.  En el CIS Victoria Kent de Madrid y en el Centro Penitenciario Madrid IV–Navalcarnero.


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